Thursday, October 31, 2013

Fenway Park certifica el orgullo de Red Sox con un título - El Economista

Redacción

Sólo una temporada fue suficiente para remover la bazofia de un equipo de tanto arraigo. Boston Red Sox ya lo probó: un nuevo entrenador de personalidad protectora, ajustes en la nómina y el compromiso de experimentados peloteros fue parte de la llave para confirmar un método de éxito al conquistar la World Series 2013 y séptima en su historia.

De la burla de ser sotanero en el este de la Americana, con la vergüenza de perder 93 partidos, ahora Boston puede ver a todos más arriba de lo que mide el Monstruo Verde. Porque ganó los cuatro partidos más importantes para toda franquicia, con esas barbas abultadas y desaliñadas que les dará el sello distintivo para recordarlos en el futuro.

El éxito de ayer, en su emblemática casa, por 6-1 sobre St. Louis Cardinals, tiene un motivo especial: desde 1918, Fenway no disfrutaba de su campeón. Por ello, en el sabor de la champaña se degusta la satisfacción sobre los rivales odiados, la presunción por sobre otras 29 franquicias.

En el sexto juego de la serie, en el que la primera bola fue lanzada por leyendas como el cubano Luis Tiant y Carlton Fisk, Boston empuñó la corona desde el tercer rollo, el límite hasta donde llegó el novato Michael Wacha.

El derecho dio indicios de colapso en el segundo capítulo: con apuros, salió en cero cuando tenía a dos rivales en la base y ya para el tercer inning al novato sensación lo tocaron, con tres carreras. Jacoby Ellsbury conectó sencillo; David Ortiz recibió base por bolas, y a Jonny Gomes le dieron pelotazo, para que el guardabosques Shane Victorino vaciara las bases con tablazo en dirección al Monstruo Verde y colocar el 3-0 en el box score.

Wacha y St. Louis se derrumbaron en la entrada siguiente con otras tres anotaciones. Stephen Drew abrió el inning con cuadrangular sin gente en base, su brazo levantado mientras pisaba las colchonetas transmitía la confianza de que anoche nada evitaría la coronación.

El abridor visitante fue removido. Lance Lynn entró y tampoco pudo mitigar los cañones de Sox. Mike Napoli dio imparable con una línea hacia el centro del parque para que Jacoby Ellsbury hiciera el 5-0. Luego, Victorino volvió a pegar hit a la izquierda para remolcar a Ortiz, con lo que se calmaron los estragos sobre las huestes de Mike Matheny, a quien se le observaba el agobio en el semblante.

Situación opuesta fue para John Lackey estar sobre la loma. El veterano de 35 años salió avante de los pocos momentos que el ataque volátil pudo provocar. Al diestro le bastaron seis innings y dos tercios, ponchar a cinco rivales, admitir nueve hits y conceder un pasaporte y la carrera del honor para Cardinals.

En un cómodo panorama, el pitcheo de relevo y, en particular, los torpederos japoneses, Junichi Tazawa y Koji Uehara, junto con Brandon Workman, estuvieron incontenibles para preservar la delantera.

ORTIZ, MVP Y ORGULLO LATINO

El músculo con los bates de Red Sox salió en el momento idóneo. Pero, sin duda, David Ortiz fue el más sobresaliente para distinguirse como el MVP de la serie. Aunque no fue letal con la madera en el sexto partido en el que lo hicieron caminar cuatro veces, su contribución de los anteriores juegos le puso el galardón desde el momento en que se ubicaba en la caja de bateo.

Pero ello no evitó que Big Papi, el de las seis remolcadas y más de .700 de average, celebrara con un casco de soldado, abrazando a sus compañeros, con la fuerza para clavar con autoridad el banderín que los acredita como los reyes de la Gran Carpa.

El dominicano se confirmó como uno de los peloteros latinos más importante en el beisbol estadounidense.

GUANTE DE ORO NO FUE SUFICIENTE PARA MOLINA

El revés en su tercera Serie Mundial tuvo menos emotividad para el catcher puertorriqueño de St. Louis, Yadier Molina, que a la distancia lucía desolado desde la caseta.

El de Bayamón había sido premiado con su sexto Gold Glove de la Liga Nacional en 10 temporadas, pero un día antes externó que si bien los méritos personales son gratos, "encima de todo está ganar la Serie Mundial".

La corona de la MLB no fue posible, pero Molina es una garantía para cubrir home plate. En la campaña regular del 2013, el receptor cometió cuatro pifias, le estafaron 26 bases y puso fuera a 20 oponentes.

rgs

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