Saturday, October 26, 2013

La promesa de Paloma a papá - El Universal

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MATAMOROS, Tamps.— Ha pasado un año y siete meses desde que su padre murió. Sin embargo, Paloma Marlene, de sólo 12 años, lo echa tanto de menos que por las noches imagina que conversa con él. Está segura de que si un genio se le apareciera para cumplirle un deseo, le pediría que su papá estuviera vivo para poderle platicar las cosas buenas que han pasado y lo que ha hecho desde que él partió, víctima de un cáncer de pulmón.

Sobre todo para que viera que ella obtuvo el mejor promedio de Matemáticas a nivel primaria del país. La prueba Enlace dejó ya testimonio de que ella le ganó a 12 millones de niños en 2011.

Pero no ganó porque sí, sino porque desde que nació su vida es una constante lucha, y porque su papá solía pedirle que estudiara duro. "Era muy cariñoso conmigo, me abrazaba y hablaba mucho conmigo. Me llamaba ´Marlencita´ y yo a él, ´papi´".

Aunque no lo admite, Paloma era la consentida de su padre. No sólo por ser la menor de ocho hermanos. Quizá porque nació de siete meses y tuvo que estar mes y medio en una incubadora.

Pese a su mirada fuerte y a ese rostro entre duro y tímido, Paloma Marlene Noyola Bueno esboza una fugaz sonrisa cuando dice estar segura que desde el cielo su papá ha de estar muy orgulloso de ella. Siente que su padre es su ángel de la guarda, y que todo lo que ha estado viviendo en los últimos meses es una bendición y un regalo de él.

Paloma ha estado expuesta a los medios nacionales e internacionales a partir de que la revista estadounidense Wired le dedicó una portada en la que la nombró sucesora del fundador de Apple. Ahora le dicen la "niña Jobs".

"Para llegar a la altura de Jobs, tengo que seguir preparándome", dice con determinación. Y lo hará porque su padre le pidió que terminara una carrera, cosa que no pudieron hacer sus hermanos. Los tres mayores ni siquiera pisaron la escuela, pues la pobreza los obligó a ingresar desde muy pequeños al mercado laboral. Otros dos cursaron hasta la primaria, y los que son apenas un poco mayores que ella llegaron hasta secundaria. Su padre le decía: "Es bueno que estudies para que puedas trabajar, ya ves cómo son luego los hombres".

Hija de agricultor

Mientras conversamos, Paloma está sentada en una sillita de plástico color rojo, afuera de su vivienda rojo carmín, ubicada en uno de los barrios más marginados de esta ciudad fronteriza, Matamoros. Pese a ser sábado, viste su playera de la secundaria, además de jeans, sudadera rosa y unos desgastados zapatos tipo flats color ocre.

En el ambiente flota un intenso aroma acre. No se debe sólo por la cercanía de un canal de aguas negras, sino por la proximidad de un enorme basurero, hoy llamado eufemísticamente por las autoridades "centro de transferencia". En él los pepenadores suelen acudir para recolectar plástico, vidrio, aluminio y hojalata. De hecho, el ejido donde hoy vive la familia de Paloma junto con otros 299 hogares, formaba parte de ese gran depósito de residuos. Ahí, en ese lugar, su padre pasó los últimos años de su vida trabajando como pepenador. Pero no siempre tuvo este oficio. En San Luis Potosí, su estado natal, cultivaba sorgo. La falta de trabajo hizo que la familia emigrara a Matamoros, hace 30 años.

Paloma lamenta no haberse podido despedir de su padre. Sus días postreros los pasó en una clínica del IMSS en Monterrey, a donde lo enviaron cuando ya estaba muy grave. Su mamá, así como sus hermanas Guillermina y Marcela, fueron las únicas que pudieron estar con él antes de morir. Paloma no pudo hacer el viaje, así que la última vez que vio a su papá fue en un hospital de Matamoros. Con el tiempo entendió que era mejor que Dios se lo llevara que verlo sufrir más.

La madre de Paloma, María Guadalupe Martínez, interviene en la conversación. Asegura que las habilidades de la niña para las Matemáticas las heredó de su padre. "A pesar de que fue a la escuela tan sólo una semana, su papá era muy bueno para sacar las cuentas, lo hacía de volada. Le ganaba a todos. Lamentablemente él no pudo estudiar porque su padre lo puso desde muy niño a cultivar el campo".

La mamá agrega que desde que murió su esposo "la situación se puso difícil". A partir de entonces, las únicas aportaciones económicas han provenido de dos de sus hijas, aparte de las exiguas ganancias por la venta de tamales que realiza ella los fines de semana, y que no exceden los 200 pesos.

Vivir sin sosiego

El ejido donde viven Paloma y su familia tiene el paradójico nombre de El Cambio, y se encuentra en las afueras de la ciudad y a espaldas del aeropuerto Servando Canales, de Matamoros. Se trata de una zona que no cuenta con agua corriente, drenaje o calles pavimentadas. Tampoco hay líneas telefónicas fijas.

Llegar a la casa de Paloma no es fácil. Para hacerlo hay que transitar entre sinuosos caminos de terracería.

Aquí hay un clima de zozobra y fuerte presencia del narcotráfico. Conforme uno se adentra en las calles van apareciendo lo mismo convoyes del Ejército, la Marina, la Policía Federal que sospechosas camionetas de lujo y vidrios polarizados.

Es tal la fuerza del crimen organizado que es posible ver en algunas esquinas camionetas pick-up, con cisternas en la parte de atrás, comercializando gasolina robada. Y es común ver a los "halcones", informantes del crimen organizado, jóvenes de entre 18 y 25 años "armados" de radios y celulares en constante comunicación.

En el terreno donde vive Paloma Marlene se encuentran construidas cinco casas. En una, la roja de en medio, habita la "niña Jobs", su mamá y su hermana Guillermina, la única soltera además de Paloma, quien trabaja en una carnicería. En las otras cuatro viven algunos de sus otros hermanos con sus familias.

La vivienda de Paloma es de alrededor de 40 metros cuadrados. En la cocina sólo hay un pequeño y maltrecho refrigerador, así como una vieja estufa. En el resto de la casa, un comedor para seis personas donde Paloma desayuna, por lo general, Zucaritas junto con sus hermanas. Un sillón, un buró que hace las veces de mueble de TV y una mesa pegada a la pared complementan el mobiliario. El único baño con el que cuenta la vivienda está a un costado.

Su juguete favorito

Por una puerta, junto al baño, se llega a la pequeña habitación que comparten Paloma y Guillermina. Ambas duermen en una litera. En esa habitación se encuentra un pequeño escritorio donde está lo más preciado para ella: la laptop que el año pasado le entregó a la niña el entonces alcalde Alfonso Sánchez, con un módem de Internet móvil que pese a las promesas del político de que tendría una conexión ilimitada por siempre sólo le funcionó un día. Sin embargo, para Paloma es su juguete favorito, de hecho ha sido el único "juguete" que ha tenido.

Por ello, cuando las hermanas quieren navegar en Internet para hacer las tareas compran tarjetas prepagadas, pero por el alto costo de ese servicio el saldo les dura únicamente para unas cuantas horas. En la habitación hay también un pequeño librero donde destaca la biografía de Steve Jobs, escrita por Walter Isaacson, que le regalaron los de la revista Wired y que apenas está leyendo, así como otros títulos como El constructor, de Linda Nichols; El paciente, de Michel Palmer, e Himnos de gloria y triunfo, un compendio de himnos cristianos.

Pero el libro favorito de Paloma Marlene es Un halcón para una reina, de Catherine Gaskin. Dice que es su predilecto porque se desarrolla en distintos lugares y le gusta la descripción detallada que hace de éstos. A Paloma le gustaría ser como el personaje de la reina para poder conocer Estados Unidos y Escocia, "para poder tomar fotos de los paisajes". Otro de los destinos que anhela conocer es Disneylandia. Cuando lo dice sonríe, y en sus mejillas se le forman unos pequeños hoyuelos.

Vamos a las afueras de la vivienda donde el patio es de tierra, por lo que cuando llueve todo se convierte en un lodazal. Además, la falta de mosquiteros y el hecho de que ventanas y puertas no se encuentren selladas provoca que los insectos hagan muy incomoda la convivencia. A eso hay que agregar el permanente olor a basura, que lo impregna todo y que incluso llega a quemar los ojos y la garganta.

Talento… y buenos métodos

Es en estos escenarios azotados por la violencia y la miseria donde transita la vida no sólo de Paloma y su familia, sino de prácticamente todos los estudiantes de la primaria José Urbina López, donde es raro encontrar suficientes butacas, agua corriente, drenaje. Incluso el DIF estatal no les está entregando los desayunos, pese a que es una escuela de tiempo completo. Es en esta primaria donde, gracias a los innovadores métodos del profesor Sergio Juárez Correa, comenzaron hace poco más de un año los sorprendentes logros en Matemáticas.

Cuando Paloma, hoy en primero de secundaria, recuerda los dos años durante los cuales fue alumna del profesor Juárez (5º y 6º de primaria) y comenzó a destacar en Matemáticas, le brillan los ojos y acepta que lo echa de menos y que le encantaría que le siguiera dando clases, sobre todo porque su actual profesora no sigue los mismos métodos.

"El maestro Sergio hacía las Matemáticas divertidas, pues las explica con juegos y actividades en equipo". El profesor Juárez me dice que a Paloma le ponía problemas más avanzados para su nivel escolar y edad.

"Eran de secundaria, pero ella lo entiende todo extremadamente rápido y además tiene muy buena memoria". Paloma Marlene cuenta que a veces les enseña Matemáticas a sus compañeros. Pero asegura que jamás les pasa sus tareas ni los deja copiar.

Gracias a los métodos del profesor Juárez, en septiembre de 2012 Paloma obtuvo una calificación perfecta de 921 puntos en la prueba Enlace en Matemáticas. Además, en español tuvo 821 puntos, lo que la ubicó en el tercer lugar nacional. Pero no fue la única. En su salón hubo además nueve niños con valoraciones superiores a los 900 puntos en la misma prueba, incluida Anhelin Marcela Martínez Noyola, hija de su hermana mayor y compañera de aula desde que empezó sus estudios.

Sin embargo, nunca ha habido apoyo extraordinario por parte de las autoridades de los tres niveles de gobierno.

Además de la laptop sin Internet, el exalcalde Alfonso Sánchez le otorgó una beca por 400 pesos mensuales, la cual, sin embargo, se le suspendió a los cuatro meses. Asimismo, los gobiernos estatal y federal ofrecieron darle un premio por cuatro mil pesos, pero éste nunca llegó.

El gobernador Egidio Torres Cantú nunca buscó a los alumnos ganadores, por lo que personal de la escuela primaria José Urbina recuerda que, junto con los niños, decidió seguir al mandatario en todos sus eventos en Matamoros, para que atendiera no sólo a éstos, sino también a la grave situación de precariedad que enfrenta la escuela. Pero los elementos de seguridad no dejaban ni siquiera acercársele.

Con lágrimas en los ojos, la mamá de Paloma dice que ella y su familia hacen todos los sacrificios necesarios para que la niña pueda seguir asistiendo a la escuela. Me comparte que tiene la preocupación de que la atención mediática y gubernamental que se ha desatado a raíz de la publicación de la revista Wired sea sólo pasajera, pues recuerda que el año pasado al conocerse el resultado de la prueba Enlace la visitó gente del gobierno municipal, estatal y federal, con promesas que nadie cumplió. Con una voz medio quebrada me dice que espera que "ahora sí" apoyen a su pequeña para que pueda terminar sus estudios y cumplir sus sueños. Confía en que nada le gustaría más que su hija se convierta en una profesionista y salga adelante.

Paloma está consciente de que el mayor problema que tienen los niños para poder estudiar actualmente es la falta de recursos y la violencia en la que viven. Por eso, pide al gobierno y a las personas que apoyen a los niños para que puedan estudiar y ser diferentes. Y a los niños que tienen la oportunidad de estudiar, les aconseja que la aprovechen, porque no todos pueden tenerla. Ya ha recibido invitaciones para seguir sus estudios en escuelas particulares, sin embargo le da miedo que le hagan bullying porque sería una niña becada.

Paloma tiene la ilusión y el sueño de ser maestra. Al respecto, rememora que desde chiquita jugaba a "la escuelita" y ponía a los otros niños a desempeñar el papel de alumnos. Con orgullo, la niña genio dice que sería exactamente como el profesor Sergio.

Como muchos de los niños de esta ciudad, su única diversión de fin de semana es acudir al club de la secundaria, donde toma cursos de periodismo y, ahora mismo, está en el módulo de fotografía, algo que disfruta mucho. No tiene cámara, pero toma fotos con su celular a los paisajes y a los animales. Me dice que espera que Santa Claus le traiga una cámara. Además de esos sueños, quiere terminar una carrera para apoyar a su familia, y sobre todo porque es una promesa que le hizo a papá. Al decir esto en sus ojos se percibe incertidumbre, insatisfacción.

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