Sunday, October 13, 2013

Natividad Jáuregui, del comando Vizcaya a Facebook - La Vanguardia

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    "Pero si es una mujer de lo más amable...", replica asustada una octogenaria belga al enterarse de la detención de una de sus vecinas en un barrio residencial de Gante. "Imagínese, una vez tuvo un ratón en el apartamento y se puso a chillar como una loca: ¡un ratón, un ratón! Tardamos tres días en encontrarlo. Cuando apareció muerto (porque le había puesto trampas, de esas que pegan), llamó a mi puerta y me pidió que me ocupara yo de él ¡Yo, con mi mala vista! En fin, bajé, me puse una bolsa en la mano, lo cogí y lo tiré, mientras ella me miraba pegada a la pared de la cocina. Era pequeñísimo, pero ella estaba temblando del miedo que le daba el ratón. ¿Y dice usted que la detuvieron ayer?".

    La señora M. cree que tiene que ser un malentendido. No conocía a su vecina como Natividad Jáuregui Espina. Tampoco sabía obviamente de los delitos de terrorismo y asesinato por los que la Audiencia Nacional ha dictado dos órdenes de busca y captura europeas contra ella. Quizás la propia Jáuregui, después de más de 30 años a la fuga, viviendo bajo una falsa identidad, empezara a pensar que estaba a salvo, que no la perseguirían... Quizás alguien la delató, quizás su propia imprudencia. Pero su nueva vida belga se vino abajo a las seis y media de la tarde del martes, cuando la policía federal belga, en colaboración con la española y el CNI, llamó a la puerta de un edificio de la avenida Bernard Spae, no lejos de la cárcel donde ahora duerme.

    Según el buzón, en el primer piso mora alguien apellidado Jáuregui. Para los pocos vecinos con los que tenía trato allí vivía una tal Maria Sukalde. "Mire, aquí lo pone", explica una mujer, tendiendo la tarjeta de visita que esta le dejó. Se presentaba como cocinera para ocasiones especiales. Su apellido ficticio, que en euskera significa cocina, es un guiño a la que parece ser su gran pasión a juzgar por la gran cantidad de información disponible en su perfil público en Facebook.

    "Ahora tiene la cara más fina", apunta otra vecina al ver la foto de Jáuregui, alias Pepona, distribuida por el Ministerio del Interior. "Sólo le puedo decir que era muy servicial. Y no todo el mundo lo es", apostilla. Tiene problemas de movilidad y María, cuenta, la ayudaba a bajar la basura o subir bolsas a casa. Al saber de sus presuntas andanzas y de su detención, una pregunta asalta a las dos ancianas: "¿Y su perro, quién está cuidando a su perro?".

    Jáuregui compareció el miércoles ante un juez de instrucción que verificó su identidad y dictó prisión preventiva contra ella. Como se esperaba, tiene como abogados a Piet Pauw y Paul Bekaert, letrados históricos de ETA en Bélgica. Sostienen que si se la ha detenido ahora y no antes, por hechos que datan de tres décadas atrás, es para dar "un golpe propagandístico". Se cuenta con que tratarán de aplazar todo lo posible una extradición, en principio, inevitable. El miércoles volverá a comparecer ante el juez.

    En un café del barrio donde Jáuregui trabajó hasta hace unas semanas la conocían como Jaione (Natividad, en euskera). "Sabemos porqué pregunta por ella, hemos visto las noticias", responde un camarero preocupado por la mala publicidad que la detención de su ex cocinera puede traerles. Los medios belgas, no obstante, se refieren a ETA como una "organización separatista", sin el calificativo de terrorista, aunque así la definen la UE y Estados Unidos.

    La despidieron al mes de empezar a trabajar. "No sabía trabajar en equipo", explica encogiéndose de hombros. El local en cuestión ofrece una carta que poco tiene que ver con los refinados platos de alta cocina que Natividad/ María/Jaione compartía en fotos con sus 152 amigos en Facebook.

    También trabajó en el famoso restaurante Belga Queen de Gante, según contó a una vecina. Y últimamente en un café de la zona de estudiantes de la ciudad.

    Jáuregui estaba huida desde 1979. La policía cree que perteneció primero a un comando de ETA denominado Ixkulin, autor de dos atentados mortales. Dos años después se la identificó como miembro del comando Vizcaya, que perpetró varios asesinatos y asaltó un polvorín en Cantabria, haciéndose con ocho mil kilos de explosivos. A Jáuregui se la acusa de haber participado en varias acciones terroristas en 1981, entre ellas el asesinato del teniendo coronel del ejército Ramón Romero Rotaeche, delito por el que la Audiencia Nacional dictó una orden de detención y entrega contra ella.

    Varios amigos belgas han contado al diario local 'De Gentenaar' que Jáuregui llegó por primera vez a Bélgica en los años ochenta; sabían que en su juventud había simpatizado con ETA, pero dicen que era discreta sobre su pasado. De Gante se fue a México, como sospechaba la policía española, donde dicen que abrió un restaurante junto con su pareja, detenido hace unos diez años. En su perfil de Facebook consta en efecto que estudió en Baja California, aunque también cuenta que que nació en Brujas y no San Sebastián. Según Interior, tiene 55 años. En una red belga de contactos amorosos dice tener 45. Quería "se faire des nouveaux amis" (hacer nuevos amigos).

    Las más de 700 fotos colgadas por ella misma en la red reflejan sus viajes por Bélgica y Holanda, su vida social y sus logros como cocinera. Entre sus amigos figuran posibles familiares y el portavoz de la policía de Gante. Jáuregui no es la primera presunta etarra que se exhibe sin precauciones en internet. Algunos de los detenidos más jóvenes de los últimos años habían dejado pistas de sus pasos en sus perfiles de Facebook. El caso de Jáuregui es especial, por llevar tantos años huida. Otro indicio de hasta qué punto había bajado la guardia es la ligereza con que en ocasiones utilizaba su nombre real, pese a figurar en las listas de presuntos terroristas que la policía española no ha dejado de buscar a pesar del tiempo transcurrido desde sus crímenes (en España, los delitos mortales de terrorismo no prescriben).

    Aunque según la fiscalía belga, no estaba empadronada en Gante, su apellido auténtico aparece en el buzón de su casa, junto a un nombre belga cuya identidad se desconoce. Este hecho lleva a sus abogados a asegurar que la policía belga y española tenían que saber dónde vivía. Jauregui también utilizó su verdadero nombre, esta vez completo, para algo tan prescindible como recibir por correo las ofertas del supermercado. A la mañana de su detención, de su buzón sobresalía una carta con un destinatario inequívoco: Jáuregui Espina Natividad, una presunta etarra a la que aterrorizan los ratones.

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