Sunday, October 27, 2013

Revolucionarios jornaleros que doblaron a McDonalds - Vanguardia.com.mx

Immokalee, Florida.- Un joven jornalero de origen maya muestra la camisa ensangrentada que vestía un muchacho que fue agredido por un capataz en 1996. "Fue brutalmente golpeado por el simple hecho de parar su labor para tomar agua", explica Cruz Salustio mientras sostiene con sus manos la prenda perturbadora, enmarcada y protegida por un vidrio.

Estamos en la oficina de la Coalición de Trabajadores de Immokalee (CIW, por sus siglas en inglés), donde se exhibe aquella evidencia del trato inhumano que han padecido los trabajadores del campo de Immokalee, un pueblo agrícola sumido en la pobreza, a dos horas de Miami. Estos migrantes revirtieron las condiciones de esclavitud y explotación laboral como no lo había hecho organización alguna en Estados Unidos, por lo que acaban de ser distinguidos con el Premio de las Cuatro Libertades Franklin D. Roosevelt, el pasado 16 de octubre.

Los jornaleros mexicanos, guatemaltecos y haitianos de la Coalición doblegaron a los acaudalados productores de jitomate para los que pizcan, sometiéndolos a su Programa de Comida Justa que establece el acuerdo firmado de pagarles un centavo más por libra de pisca, cero tolerancia a prácticas de esclavitud laboral y de asalto sexual, y un Código de Conducta con mejoras laborales.

El acuerdo lo consiguieron tras 12 años de boicots contra los principales compradores de la hortaliza, quienes también deben firmarlo. Así, 11 empresas, entre las que figuran cuatro de las cinco grandes cadenas de comida rápida en el mundo, instan a los productores a cumplir el programa o corren el riesgo de sufrir penalizaciones o la revocación de sus contratos. Taco Bell, McDonald's, Burger King y Subway lo aceptaron.

Se trata de un modelo revolucionario de responsabilidad compartida entre las tres partes, que educa a los jornaleros sobre sus obligaciones y derechos laborales, y les abre canales de denuncia dentro y fuera de las empresas.

El convenio no sólo mejoró el trato a los trabajadores, sino que propició que obtuvieran mayores ganancias. Treinta mil pizcadores por contrato o a destajo de Florida generaron 10 millones de dólares en los últimos tres años. Cada jornalero consigue ahora entre 5 y 120 dólares extra a la semana.

Hay una empresa que se niega a firmar: Wendy's. La segunda cadena de restaurantes de hamburguesas en Estados Unidos, después de McDonald's, no quiere firmar el convenio. Bob Bertini, vocero de la empresa, escribió en un correo electrónico desde Ohio, sede de la compañía: "Todos nuestros proveedores de jitomate han firmado el Acuerdo de Comida Justa", y añadió: "Es su decisión determinar los pagos a sus empleados".

El comunicado del consorcio, que en 2012 tuvo ganancias brutas por más de 300 millones de dólares, no cayó nada bien a la Coalición. El mexicano Lucas Benítez, uno de los fundadores de la CIW, dice que el acuerdo no es sólo monetario, y critica la posición de Emil Brolick, presidente ejecutivo de Wendy's, quien tuvo ese mismo cargo en Taco Bell cuando la organización hizo ceder a la compañía, luego de boicotearla de 2002 a 2005.

"Emil Brolick es un hipócrita al negarse a firmar", expone Benítez. "Sabe que el acuerdo también es benéfico para la corporación, pero no le es fácil cumplir demandas venidas de los trabajadores".

Industria sin ley

En la oscuridad de la madrugada, decenas de migrantes se reúnen en el estacionamiento, el parqueadero del súper/tortillería/taquería La Fiesta, frente a las oficinas de la CIW.

Ahí se juntan desde hace medio siglo los pizcadores de jitomate de la región, donde se cultiva 90% de la producción del fruto que alimenta a Estados Unidos.

Decenas de hombres y mujeres toman café y deambulan entre los buses que los llevarán a distintos campos para alistar la tierra para la siembra de jitomate. De noviembre a mayo, la "temporada", decenas de miles más se sumarán a las labores de su cuidado y cosecha.

En Immokalee, 43% de sus 19 mil habitantes —menos de la tercera parte, mujeres— está por debajo del nivel de pobreza del país. Muchos son indígenas guatemaltecos o de Chiapas, del Estado de México, Oaxaca, Veracruz y Guerrero.

El sueño americano está, sin embargo, 40 minutos más adelante, en Naples, considerada por la revista financiera "Kiplinger" como la tercera ciudad de la nación que concentra casas de millonarios: unas 12 mil.

Pero en Immolakee más bien antes se vivía una pesadilla.

Benítez recuerda que hace 21 años era como un "pueblo del viejo oeste", en el que contratistas y capataces portaban rifles y recurrían a las agresiones físicas o verbales para amedrentar a los jornaleros.

En los campos los hacían esperar horas sin paga, los baños quedaban a dos o tres kilómetros de la pizca, no tenían agua para enjuagarse las manos de los pesticidas y menos para beber, y carecían de entoldados y descansos para restablecerse de laborar a temperaturas de 40 grados centígrados.

En esas condiciones, una docena de migrantes comenzó a reunirse en un cuarto de la iglesia local para discutir su realidad. Poco a poco se les fue sumando gente.

En 1995, la empresa Pacific decidió reducirles el pago: de 4.25 dólares por cubeta de pizca, a 3.85 dólares. Unos 600 trabajadores liderados por el grupo de Benítez tomaron el estacionamiento e hicieron huelga general contra Pacific y las demás empresas hasta que se restableciera el salario previo, y tuvieron éxito. "Nosotros fuimos el primer 'okupa' en Estados Unidos", presume el guerrerense con barba de candado.

Decidieron entonces no formar un sindicato, sino una coalición en la que los jornaleros trabajaran a destajo con la empresa de su elección, para poder seguir las cosechas de otros productos agrícolas de la costa Este, que se extienden hasta Pensilvania. Ahora la CIW tiene 4 mil miembros.

- Lo ganado

Benítez cuenta que al principio de su lucha pensaron que sus condiciones laborales mejorarían al presionar a los "rancheros" para que cambiaran a los capataces. Pero se dieron cuenta del error. "Vimos que había un poder más arriba que teníamos que tener de nuestro lado: a los grandes compradores que por años sólo habían estado sacando beneficio de la pobreza de Immokalee".

De esa forma crearon el programa Comida Justa, que demanda, entre otras cosas, que las compañías den un bono de un centavo más por libra pizcada, habrá relojes checadores para registrar el tiempo real de trabajo, y las cubetas ya no se entregarán con "copete" de cosecha, sino al ras.

Los jornaleros también tendrán derecho a quejarse por malos tratos y se les respetará su preferencia sexual, raza o etnia, religión, discapacidad o edad. Las mujeres estarán protegidas del acoso y violencia sexual de empleadores y compañeros.

Nelly Rodríguez apunta: "Las mujeres cuando vamos a trabajar enfrentamos muchos acosos por parte de los supervisores y contratistas, muchas tenemos que quedarnos calladas para no perder nuestro trabajo".

La empresa igualmente les proveerá de entoldados móviles, agua potable y baños portátiles, les dará descansos durante el día, tiempo para la comida y contará con equipos de primeros auxilios.

Guerra contra "goliats"

La estrategia de la CIW para provocar un cambio en los grandes corporativos de alimentos comenzó en 2001, presionando a Taco Bell, la principal cadena de comida rápida en Estados Unidos.

Benítez comenta que la empresa les expresó: "Nosotros no tenemos ninguna responsabilidad con ustedes porque no trabajan para nosotros".

La organización logró sumar a su causa redes de fieles de distintas religiones, y sobre todo a estudiantes universitarios, considerados los principales consumidores de comida rápida, y así creó una campaña en la que difundió: "Taco Bell es responsable de las condiciones infrahumanas que se viven en el campo". Y eso "fue como destapar la olla de frijoles", dice Benítez.

Así surgió la Student/Farmworker Alliance, que durante los cuatro años de campaña contra Taco Bell hizo marchas, protestas, juntó firmas y "logró el cierre de más de 25 restaurantes y la revocación de sus contratos en las universidades". Luego "volteamos a ver a McDonald's y les fuimos a decir lo mismo. El boicot duró dos años".

Después prosiguieron con grandes cadenas de supermercados, entre ellas las de la cadena de comida orgánica Whole Foods Market.

Ahora está en la mira la empresa de hamburguesas que se promociona con la imagen de una niña pelirroja de rostro inocente, y que posee 6 mil 500 sucursales en Estados Unidos y en otros 27 países.

En México el corporativo no tiene oficinas propias y funciona a través de tres empresas independientes que suman 23 sucursales.

- Su lucha continúa

Es sábado y 15 estudiantes cubanoamericanos de la Universidad de Miami viajaron hasta Immokalee para conocer la experiencia del movimiento de jornaleros.

La mayoría son blancos, de cabello trigueño, y no todos hablan español pero lo entienden. Un migrante guatemalteco les explica que si Wendy's y otras empresas les venden comida chatarra a precios bajos, es porque compran grandes cantidades de suministros —como jitomates— a muy bajo costo, porque a su vez los productores explotan a los trabajadores del campo con impunidad.

"¿Y qué le da poder a los rancheros (productores) y a sus compradores?", pregunta un estudiante. Silencio. "Los consumidores", responde el piscador centroamericano.

Luego, el grupo hace un recorrido por el pueblo. Los jóvenes comparten su consternación al desconocer las condiciones de explotación agrícola en su país. El estudiante Denis Ciani dice: "Lo que pasa aquí no es ajeno a nosotros, todos somos parte de la misma comunidad y me impresiona saber que mientras yo estoy en mi casa viendo tele y yendo al súper a comprar jitomates, estas personas están trabajando así".

Joe Parker, coordinador de la Alianza Estudiantil de la Coalición, precisa que actualmente tienen capítulos oficiales, comités de Comida Justa y apoyo de organizaciones estudiantiles en al menos 40 estados, entre ellos Nueva York, Texas y Chicago, que ya participan en el boicot contra Wendy's.

Benítez dice que la Coalición no se amedrentará hasta doblegar a Wendy's. Y anticipa: "A Walmart tarde o temprano también le va a llegar su fiestecita".


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