Friday, November 1, 2013

Halloween no logra espantar a los fantasmas de Obama - Vanguardia.com.mx

Washington, EU.- Poco importa que el mundo clame contra sus programas de espionaje o que parte de los estadounidenses esté en contra de su reforma sanitaria. El presidente estadounidense, Barack Obama, y la primera dama, Michelle, se dedicaron la noche del jueves a repartir dulces y galletas en la Casa Blanca a niños disfrazados de la zona.

"¡Hola chicos! Acérquense", les pedía Obama a los niños alineados para saludarlo.

La pareja presidencial apareció vestida de negro y naranja, como marca la tradición, pero sin máscaras ni disfraces, como cualquier otro matrimonio del país que abre sus puerta para dar golosinas a duendes, hadas y fantasmas en medio del plomizo anochecer.

La diferencia en la Casa Blanca es que los Darth Vaders, Capitanes América, pitufos y Harry Potters tuvieron que pasar controles de seguridad antes de pedir "truco o trato".

La noche de Halloween fue un pequeño paréntesis en medio de unos meses complicados que han erosionado la popularidad de Obama. Según una encuesta de NBC News y "The Wall Street Journal", la tasa de aprobación del presidente cayó a un mínimo del 42 por ciento, cinco puntos por debajo que a principios de mes.

En tan sólo una semana, los lectores del "New York Times" o del "Washington Post" se han enfrentado a titulares como: "¿Tiene Obama los ojos cerrados?" o "La maldición del segundo mandato".

La semana pasada, Obama y sus asesores insistieron en que el presidente no fue informado sobre dos asuntos que le pusieron en apuros: el supuesto espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) a líderes mundiales como la canciller alemana, Angela Merkel, y fallos técnicos en el lanzamiento de la página web de su principal logro en sus cinco años del gobierno, la reforma sanitaria, el "Obamacare".

Mientras que el escándalo diplomático por las actividades de la NSA no parece haber tenido demasiado impacto en los estadounidenses, la situación relacionada con el sistema sanitario preocupa a muchos. Según las informaciones, decenas de miles de estadounidenses, o incluso más de un millón, no pudieron inscribirse en los nuevos seguros de enfermedad.

A los teléfonos del Congreso no cesaban de llegar llamadas enojadas de contribuyentes. Y los programas de televisión no se cansan de emitir vídeos en los que Obama asegura: "Si le gusta su plan de seguro, lo mantendrá. Nadie podrá quitárselo".

Esta situación se produce poco después de que, en medio de la disputa presupuestaria, los demócratas frenaran las demandas de la oposición para desmantelar o retrasar "Obamacare".

El cierre del gobierno durante 16 días, que se produjo en medio de esa parálisis, no sólo lastró la reputación de Obama, sino la de todo el aparato político de Washington.

Además, la crítica no olvida la situación en Siria: la amenaza de Obama de emplear la fuerza contra el régimen de Al Assad por el uso de armas químicas, y luego su marcha atrás. Y aunque Estados Unidos prometió ayudar a armar a los rebeldes, no hay muchas evidencias de que se esté haciendo.

Obama también podría estar viéndose afectado por lo que un columnista del "New York Times" denominó "la maldición del segundo mandato".

La próxima semana se cumplirán cinco años desde la primera elección de Obama, y un año de su reelección. Históricamente, los segundos mandatos de los presidentes estadounidenses se han visto plagados de problemas, y muchos de ellos no han conseguido sacar adelante sus iniciativas.

Así, el impulso dado por Obama la semana pasada a la reforma de inmigración ante un Congreso paralizado no parece tener muchas perspectivas de éxito inmediato. Y el próximo enero se avecina otra ronda de disputas sobre el presupuesto y el techo de deuda, ya que el mes pasado tan sólo se lograron soluciones provisionales.

En medio de esta situación, Halloween ofreció un breve momento de tranquilidad a la "First family".

La Casa Blanca lució decorada en color naranja, con 185 calabazas decoradas y actores terroríficamente disfrazados. Incluso pudo verse la mano de Michele Obama en su lucha contra la obesidad en la selección de uno de los regalos: fruta deshidratada.

El presidente rió entusiasmado al ver a una pequeña niña con un vestido blanco y un reconocible peinado. "¡Pricesa Leia!", la llamó. Y quizás pensaba en lo bien que le vendría en estos momentos un rescate digno de la "Guerra de las galaxias".

Por Pat Reber/DPA-Análisis

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